Corazón Herido

por: Ejti Stij

En la Larga Noche de Museos ingresaron a la galería Manzana 1 Espacio de Arte 3.027 visitantes, contados con cámara electrónica, así que el dato no es subjetivo. Cada mes el espacio es visitado por 15.092 personas, promedio, según el registro de público de los últimos tres años. El centro de Santa Cruz aún tiene vida cuando hay motivación, clara prueba son estas estadísticas. Pero está herido de muerte y hay señales de ello.

 

Las casas están en venta o en alquiler, la mayoría de los negocios se han ido y resisten solo unos cuantos centros culturales y tiendas tradicionales.

La casa de Gladys Moreno, nuestro orgullo musical, se ha vuelto oficina del Ministerio de Culturas. La Casa de Melchor Pinto, que con gran sacrificio de la familia abrió sus puertas, vive sin ningún apoyo oficial y la gente la llama Café Patrimonio. ¡Pobre Melchor!

El antiguo colegio Santa Ana parece casa de fantasmas, la bella casona en la esquina Suárez de Figueroa y René Moreno está por caerse, la Brigada Parlamentaria luce su fachada hacia la Plaza de Armas con la mitad de las letras caídas, ¡lamentable!

Muchas tiendas de la calle Velasco desaparecieron y se volvieron peluquerías ‘cubanas’.

En la plaza Manzana Uno duermen malvivientes y no solo ellos, sino también otros ciudadanos en apuros, orinan bajo el acogedor arco que es la entrada a la galería de arte porque en todo el corazón de nuestro querido pueblo no hay ni un baño público.

En la esquina de la plaza 24 de Septiembre hay un parqueo inservible que pertenece al Ministerio de Comunicación, clara prueba de que no solo este, sino todos los gobiernos anteriores en 40 años no les importó que la esquina de la plaza central del pueblo más próspero de Bolivia luzca un terreno baldío.
Café 24 (de Septiembre), también en la plaza, ahora se va a llamar Starbuck, para que hasta la fecha más importante de nuestra historia la borre el poderoso dinero del capitalismo. Podría seguir enumerando los “espectaculares” puntos de orgullo de esta ciudad que tanto costó fundar.

Es posible sostener el comercio, los shoppings y otras señales de crecimiento urbano sin descuidar ni abandonar el casco viejo, sino rescatando su potencial histórico y cultural con un sentido interesado en desarrollar un espacio que nos dé identidad, autoestima, disfrute para el ciudadano local y que aporte grandemente al turismo.
Será que nos vamos a olvidar de Ana Barba, la mujer más corajuda que cualquiera; del médico que tuvo que irse por reclamar lo justo; de la mujer que cantaba Alma cruceña y se nos erizaba la piel. Todos ellos eran parte de esta urbe, hoy en declive.

Es este pequeño centro histórico con galerías y horcones y sus secretos de antaño, ¿qué nos hace cruceños?, aparte naturalmente del progreso que es cuestión de economía, no de identidad ni de pertenencia.

¿Será que algún día va a haber un paseo, por ejemplo de San Roque pasando por la plaza y llegando al Arenal, con tiendas, y cafés, y boliches, y escuelitas, y museos, y galerías y centros culturales, donde los peatones, sin temer, podamos pasear y disfrutar de nuestra brisa nocturna sin extrañar el aire acondicionado de los shoppings?.

Hasta algún “cambamóvil” podría haber o algún “matusi” con su carroza que cambiaría su oficio de botar plantas cortadas al lado de cualquier baldío.

Supongo que para llegar a esto hace falta también una mínima voluntad y planificación de parte del municipio. Por ejemplo: parqueos gratuitos con entrada ancha, donde no haya que dejar llaves y en las dos puntas de este ilusorio paseo; iluminación, arborización, cables eléctricos enterrados, facilidades en el pago de impuestos, créditos fáciles para fomento de emprendimientos ciudadanos, viviendas nuevas en los centros de las casonas y cosas por el estilo.

Pero creo que todo esto es solo un sueño, si hasta nuestro alcalde escapó del corazón del pueblo.

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Vía el deber, junio 2018